miércoles, 27 de mayo de 2015

Sigues aquí

«Cuatro paredes»

Te eliminé de aquí. 

Te eliminé de este aire que recorre las calles por las que alguna vez paseamos; de ese que, ahora calmo, se acuesta en la banca en la que soñaste para olvidar que la realidad es la única página ya escrita en el libro; te eliminé de ese aire que fue contaminado por obra y gracia de nosotros, los dos, desunidos. 

Te eliminé de mi cuerpo. 

Mi tacto te extraña, es cierto, pero qué gran virtud es no sentirte al lado, qué gran virtud es saber que ya no floreces entre estos dedos que, todavía, osan escribirte sin consentimiento del ser racional que pretendo ser. El calor que alguna vez me proporcionaste, en cantidades siempre nimias, se fue evaporando de mi cuerpo, se transfiguró en vapor helado y petrificó mis ojos a tu silueta distorsionada. 

Te eliminé de mi mundo real; en mi mundo paralelo deambulas en las calles olvidadas tratando de mantenerte cerca.

Por centurias compactas traté de expectorarte de ese mundo que eliminó la racionalidad, pero no pude. Te recuerdo. Y te recuerdo como el hoy recuerda al ayer. Te recuerdo como la muerte recuerda a la vida. Te recuerdo como mi piel recuerda tu aliento...

Traté de extinguirte, es verdad, pero sigues omnipotente en mi sangre y labios, entre cada línea curva que recorre mi piel, entre cada palabra acentuada parida en mi lengua. Sigues aquí, presente, como lo está el volcán en erupción en esta tierra. 

Sigues aquí -¡qué gran lástima!-: así lo están las exequias a mis actos.

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