martes, 2 de diciembre de 2014

Soy Tierra, pero Perú no

«Confrontalismo» 

En esta ocasión no seré Perú. Esta vez seré Tierra.

Tierra con precipicios, cimas, nubes, vientos, piedras, animales, y, sí, humanos. 

Tierra con precipicios, aquellos que logran hacer que la carne que cubre mi cuerpo del mundo, se inunde. Que logran que alcance el punto externo máximo, al igual que el color brillante. Aquellos que, al respirar gracias al resquicio, se apoderan de mis manos y hacen que escriba. 

Cimas. Por emociones, sentimientos, pensamientos. Por estar aquí, sentado, rememorando el primer día en el que estuve al lado de aquel asiento al frente del mar. Cimas, también, por tener el poder de recordar el momento en el que adquirí el valor de volar entre lápices y hojas. 


Por sus nubes. Porque en cada cúmulo de inspiración y esperanza, hacen que mi cuerpo se refresque y resbale sobre la tierra. Porque cada blanco que lleva adentro se mueve cíclicamente, como respuesta a los cambios de temperamento en mí. 

Vientos. ¡Ah, los vientos! Tales que hacen que esté arriba o acá, abajo. Tales que logran que observe a mi derecha y regrese a casa, después de utilizar esas nubes, cimas y precipicios. 

También por las piedras. Obstáculos: su significado universal. Enamorarse, soñar sin rasgos de objetividad -ni de la evocación a realizar el vuelo-, huir, caer ante el milésimo y mismo error, ¡perdurar en la calle obscura! Por procurar que el pasado inservible esté presente. 

Porque, los animales pasean en mí. De mi cara deambulan hacia mis pies, sin pasar por mi estómago, sin involucrarse con el exterior que tiene la osadía de intoxicar todo en mí. De mis pies regresan a mis manos y de estas proyectan instinto: escribir. 

Los humanos. Por estos siento al corazón en la garganta y la garganta en los ojos, mis flancos regresan a las órbitas planetarias al instante mismo en que mi pecho revolotea por las paredes negras. Los humanos me limitan el aire, y el respirar se convierte en acción pesada, así como inoportuna. Los humanos son esa combinación excitante de profundidades, cimas, nubes, vientos y carne. Y sus manos son fuego. 

También puedo ser Sol. Pero no, en esta ocasión no seré Perú.

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