lunes, 20 de octubre de 2014

Antípoda

<<Cuatro paredes>>

Llega el punto en el que todo aburre. El aire, caminar, sostenerse, pensar, hablar, articular. 

La necesidad de necesitar cansa, hostiga. El paso del propio paso se cansa; la voz de hablar y el hablar de revolucionar. Seguir leyes y normas que nosotros impusimos en la sociedad, como escribir y difundir; cansa. 

Cansa enfadarse, amar, gozar y llorar. 

Como lo diría Vallejo, y modificándolo un gran poco, <<el mueble, en su cajón, cansancio, el corazón, en su cajón, cansancio, la lagartija, en su cajón, cansancio. Tanta sed de sed>> Y es fácil decirlo y plasmarlo, ¿sentirlo? La lagartija se metió en su cajón, cansancio. Empalaga contener el aire en los pulmones y sentirse obligado a respirar, aunque lo mínimo, sea amor o desilusión, pena o sufrimiento. 

También cansa sentir cansancio.

Existe tanto aroma de la piel que no se llega a comprender por qué es el olfato, sin acudir al gusto, la única extensión de nuestro cuerpo capaz de sentirlo. Cansa todo. El orden, lo evidente, lo cronometrado, lo previsto, lo coherente, ¡la sociedad! El día sucedido por la noche, el sol, la luna, las estrellas. Ella, tú, quizá yo. 

¿Aquí existen reglas?
¿Quizá no?
¡No quiero que sea así!
Mis cincos metros de poemas se convirtieron en nada, y ese nada en un todo vacío. 

No se llegará a entender si no sentimos el cansancio de representar imperfectamente nuestro papel en aquel minúsculo e incapacitado papel que ocupamos en el universo. 

Cansa la tecnología con su lema "conectar, consumir, disfrazar". El regalo de esta, inhabilitada, desplazada por lo mejor, representando lo que siempre será lo que se quiere. Endulza su cara y luego, en un acto recíproco, empalaga, y cansa. Viajar en el carro, soportar el sonido estruendoso de los niños rogando más, de las madres que siempre necesitan, del sueño y el canto, del timbre, del asiento y la ruta. Del paradero. Soportar sus enormes y callados ojos negros en busca de pleitos mal adquiridos, con hambre y sed. El olor, y nuevamente respirar, cansa. Escribir y dejar que el escritor se someta a sí mismo, como necesidad, llega a cansar. 

Esperar que el día llegue, que muera, que reviva y, junto a él, nosotros, empalaga y hostiga. Esperar una respuesta, un acicate, una señal. Masticar y digerir. Expulsar. (Enamorarse e ilusionarse)

La sicalipsis. Lo visceral. La maceración. Lo natural. La cortapisa. La catilinaria. El conato. Lo trivial. Cansa sentir cansancio, e imaginarse…

La omnisciencia también cansa.

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