<<Confesión>>
Todo inició el 20 de abril de 1997. Y desde ese momento batallé para lograr entender que la gravedad no es la única fuerza que permite estar en tierra.
Aprendí que solo debo ser yo, sin prejuicios, sin ataduras, sin nubes que oscurezcan el cielo. Hasta este instante he tratado de alcanzar lo que quiero, mis sueños, alcanzarlos y no detenerme, seguir y poder llegar al próximo, construir un círculo hermoso. Reí, lloré, soñé, disfruté, viví. Mis luces siempre permanecen encendidas aunque afuera siga lloviendo y el aire, en espléndida batalla con la calma, amenace con enfriarnos. Conocí a grandiosas personas. Dormí con la ilusión de despertar entre las estrellas, caminar entre ellas, observar al minúsculo hombre desde lo alto, colocar la mano en el cielo y, sin preocupaciones, seguir soñando. He observado el mar en incontables ocasiones, he vivido junto a las olas, he sentido el golpe de su quebrar y escuché el canto de las gaviotas, observé el azul del cielo y también el grisáceo limeño.
Las canciones de Adele me sirvieron como canal de inspiración de aquellos ya lisiados y olvidados textos poéticos. George Orwell me enseñó que ser perseverante y no caer ante el primer empujón te hace mayor -en letras mayúsculas-. A La fuerza de Sheccid siempre le agradeceré haberme enseñado que los sueños se pueden realizar en solo una noche. Mario Vargas Llosa fue el primer pilar por el que me atreví a escribir. Becquer siempre será inmortal, <<…mientras exista una mujer hermosa, ¡habrá poesía!>>. La cuerda del amor que Neruda nos hizo conocer, a través de El amor, existirá milenariamente. ¡He vivido 17 años!
Escribir y leer cambiaron mi vida por completo. Escribir jamás dejará de representar aquella cárcel cuyos barrotes de hojas y lápices hagan sentirme pleno. Con la lectura elimino mis miedos al igual que alimento ese mundo paralelo que la realidad eliminó como cómplice del infortunio. Lo simple será lo más complejo, aunque lo negro siempre se acepte como tal. La subjetividad, ahora, cumple el espacio principal: el punto agudo con el que se pueda observar el mundo.
¡Chiclayo! Amigos, ilusión, desarrollo, pubertad, conocimiento. Tumán fue, y será, el puntito de alegría entre lo real y lo ficcionario. Con sus cielos siempre azules, con su gente amable, con su naturaleza, con su pasado y el que creó para mí.
He vivido 6209 días, 204 meses. Aproveché cada segundo, 536457600; cada minuto, 8940960; y cada hora, 149016. Respiré 272427840 veces. ¡Y no me canso! La lista sigue en aumento, como las calles, como Lima, como el mar.
Lo que duele es aceptar que la sociedad solo se entiende detrás de cada ventana; no saber cómo medir la distancia. Viví para contar mi historia, con suspiros, ojos, y labios. Viví, y vivo, para ser alguien y no algo más.
Vivo para enamorarme.
Lunes 21 de abril del 2014
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Agradeceré su critica, todos aprendemos en el camino.