<<Cuento corto>>
"…y temblaba como hace tiempo no lo hacía. El momento ameritaba que el sujeto esté completamente nervioso y que su corazón se acelerara, mucho más de lo que se había acelerado anteriormente."
El momento había llegado: una llamada telefónica, se suponía, solucionaría las cosas; sin embargo, las expectativas empeoraron la situación y lo que se había planeado resultó ser todo lo contrario. Palabras entrecortadas, sudor, temor, pensamientos idiotas y acciones tontas. Todo sumó para que aquel momento resultara ser el final de lo que ya se había anunciado que acabaría. Un pétalo sería la respuesta que esperaba, arrancarlo a aquel de su colonia resultaría ser tan simple como decir "sí". Y no pasó, el pétalo seguía con los demás. El sí jamás llegó.
La rosa blanca, de tanto esperar, se cansó y fue muriendo por culpa del despiadado comprador. Murió dentro de la oscuridad, oscuridad de la que se suponía el pétalo debía sacar al sujeto. La carta, o remedo de alguna, ocupó el lugar que se le había otorgado, y cumplió mal su labor. Mientras el muchacho continuaba con la esperanza de un pétalo en el piso y una carta que cumpliera cabalmente su labor, el tiempo pasaba y la amargura incrementaba. ¿Algo podría salir, alguna vez, bien?
La rosa blanca, de tanto esperar, se cansó y fue muriendo por culpa del despiadado comprador. Murió dentro de la oscuridad, oscuridad de la que se suponía el pétalo debía sacar al sujeto. La carta, o remedo de alguna, ocupó el lugar que se le había otorgado, y cumplió mal su labor. Mientras el muchacho continuaba con la esperanza de un pétalo en el piso y una carta que cumpliera cabalmente su labor, el tiempo pasaba y la amargura incrementaba. ¿Algo podría salir, alguna vez, bien?
Quizá la improvisación de sus actos fue el punto de quiebre o quizá lo fue el extremo nerviosismo que demostró. También pudo ser el ridículo peinado que se había echo. Sentía que el estómago se movía, se achicaba, se estremecía de estar dentro de ese cuerpo que no paraba de moverse en un solo lado. El temblor inició en las piernas, en los dedos de sus pies, continuó hacia las manos, los brazos, y terminó en la cabeza. Un fuerte dolor en ella hizo patente que allí terminaría su recorrido, pero sigilosa y silenciosamente continuaba avanzando, lentamente, como queriendo asustar a su presa para finalmente matarla. Y la mató.
La señorita, inocente ella, extendió su brazo y aceptó la rosa, sin conocer las intenciones que contenía la carta que también le había entregado el muchacho. Ella, omnipotente como de costumbre, reflejaba en sus cabellos la hermosura de su ser; en sus ojos, la delicadeza; en sus manos, la firmeza y en sus pies la dulzura. Su aroma envolvía a cualquiera que se atrevía a luchar en contra de sus pensamientos y sus palabras enamoraban hasta a aquel personaje no enamorable. El símbolo de perfección lo había hallado en ella, con sobrantes e idealizaciones, pero lo había hallado. Y lo perdió con el pétalo en su círculo vicioso. Una terrible pérdida...
ADAPTACIÓN: "Y cuenta la historia que el caballero, queriendo cortejar a su dama, en el prestigioso asiento que siempre ocupaba en la iglesia, lugar de encuentros de miradas y caricias inventadas, colocaba una rosa. La hermosa dama, al arrancarle un pétalo a tal bello obsequio correspondía al cortejo del caballero…"
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